El viaje de la madrugada

Yo no quería marcharme. Yo no quería dejar a mis amigos de escuela. No quería separarme de mi amigo Juan, amigo de la infancia. Yo no quería abandonar lo que desde mi nacimiento me rodeaba. A pesar de que mis padres conocían mi postura desde hacía meses, la decisión había sido tomada. Ellos pensaban que mi futuro traería más resultados yéndome de aquí y estando junto a mi tío en el extranjero. El gran día había llegado. Entonces para no ver las lágrimas de mi madre y el orgullo de mi padre, decidí irme de casa horas antes de mi salida oficial y dejé una carta encima de mi cama, por una vez, hecha.

Al llegar a la estación de tren y tras subir las escaleras llegué al andén. Allí tuve la perspectiva del viaje que me esperaba. El andén número tres se presentaba a mí bajo una luna llena rodeada por nubes pasivas. El frío de invierno congelaba mis manos desnudas agarradas a las asas de cada maleta. Al menos mi abrigo deportivo y la música disco de mis cascos me protegían ante las bajas temperaturas. Pero la incertidumbre de mi nuevo destino me tenían descolocado y con la tensión algo alta.  Debo decir que mis colegas de clase no comprendían mi marcha. Yo tampoco. Eramos todavía niños.

El viaje de la madrugada

Mi estómago vacío desde la noche anterior, empezaba a llamar a la puerta para pedir ayuda y el escalofrío de mi cuerpo, no hacían más que mostrarme lo frágil que era el ser humano. Era la primera vez que iba a viajar solo. Viajar en contra de mi voluntad. A pesar de no ver a nadie sobre el andén, el tren partiría en unos momentos. Se decía que en las horas tempranas cualquier estación de transportes se convertía en un punto de encuentro peligroso. El temor a ser asaltado por alguna pandilla de la gran ciudad hacían que mirara con incredulidad detrás de mí a cada instante.

El monitor del andén mostró mi nuevo horizonte. Praga. Unos meses atrás mi tío me había reservado asiento para este viaje. La única condición que le había dado para la compra del billete era era la de reservar el sitio cerca de los aseos por si acaso mi vejiga o mi mente me jugaran alguna pasada. Antes de subir al vagón esperaba que nadie ocupase mi asiento por error. Avancé hacia el vagón número treinta y tres. Caminé por debajo del monitor y noté como si el paso por debajo de las letras de mi futura ciudad fueran como una procesión. Era como entrar en un túnel sin saber qué pasaría en él ni que se descubriría tras su salida. Allí en la capital checa me esperaría alguien que debía convertirse en mi guía espiritual según mi tío. Un ejemplo a seguir. A veces estando solo me reía después de que mi tío me explicara que esa persona era mi única salvación. El único recurso para salvar el honor de la familia. Yo me reía a escondidas y no comprendía el porqué de cierta decisión. Mi tío, el intelectual de la familia y único personaje admirado y adulado, tenía que saber porque lo hacía.

A medida que caminaba por el andén en busca de mi vagón, iba contando los números. Cuando no miraba a los vagones, miraba detrás de mí por si me seguían. En caso contrario miraba al suelo. El suelo estaba lleno de colillas y envoltorios. Cada dos metros un asiento de metal prestaba sus servicios y junto al mismo una papelera vacía pedía boquiabierta que le tiraran cosas. ¡Qué guarros son algunos tirando todo al suelo! Pensé.

Seguía por el andén desierto y de repente una sala en forma de casita transparente con una luz anaranjada se presentó a mí. El lugar mostraba signos de dejadez. En su interior ví un periódico gratuito y entré a procurarmelo. Abrí la puerta y un olor a orina y calefacción descontrolada me llenó la cara. Me tiró para atrás con fuerza pero pude alcanzar el periódico. Al cerrar la puerta una señora algo mayor que yo me dió los buenos días y me miró con una sonrisa algo perversa. Continué mi camino y el perfume de la mujer me persiguió unos metros. Al llegar al vagón treinta y tres me subí a él. Con los piés en el primer peldaño de la escalera del vagón me percaté que no me había cruzado en todo el andén con una sola persona o que incluso no había oído ni ruído ni movimiento humano alguno. Bueno, llevaba los cascos puestos pero a un volumen lo suficientemente educado para poder seguir siendo algo sociable, si era necesario.Al subir el tercer peldaño del vagón, me giré y miré al andén que acababa de atravezar. Miré al resto de los vagones y tanto la plataforma como la nave no daban señales de estar listos para partir. Pero no importaba. Me volví al interior del vagón y busqué mi asiento junto al aseo. Me senté depositando antes las dos maletas en la estructura para bultos encima de mi cabeza. Sonreí al pensar que mi odisea comenzaría de un minuto a otro. Desabroché los dos botones de mi abrigo y volví a sentir escalofríos. Nervios. Cerré los ojos. Volví a oler el perfume de mujer que se acercaba a mí. La miré con cara de niño bueno y de manera cándida me imaginé la escena que resultaría, en la soledad de este vehículo, si ella se sentara a mi lado. Al instante, la mujer de la salita pasó cerca de mi asiento e hizo como que no me había reconocido. Yo sentí que sí. Al sentarse unos asientos delante de mí, todo su perfume me agarró. Un hormigueo me hizo entender que quizás esta señora formaría parte de la primera etapa de mi viaje. La primera etapa hacia mí mismo. Me daba todo igual. No tenía nada que perder y tenía todo por descubrir, incluso el placer de otra piel. Algo tenía muy claro. Sabía que en este momento, en ese vagón y bajo la luna del invierno, muy a mi pesar, me despedía de un mundo que creía conocer. De todas maneras yo sabía que me quedaban muchos mundos por descubrir y que aquellos no podían ser peor que éste en el que vivía hoy.

Un relato de: Benjamín DÍAZ GYGER 
Una foto de: Juan Carlos LEMUS POLANÍA
Anuncios

¿Te gustó? Sí, no... igual déjanos tus comentarios.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s