The Crew (II)

El gordo Serrano

          Ya era sábado, las cinco de la tarde. Yo esperaba impaciente la llegada del man que Richie me había contactado. Estaba sentado en el balcón de mi habitación viendo hacia el Parque Central cuando oí que tocaban mi puerta. Era Richie, le abrí la puerta de madera oscura y me hice al lado invitándolo a seguir. Las ventanas y la puerta de la terraza abiertas hacían que el viento moviera perezosamente las cortinas y que el sol habanero iluminara la estancia. Richie estaba repasando mi cuarto cuando me estiró la mano con ropa.

          —¿Esa mierda es pa mí?, puta Richie, no me salga con maricadas —le dije cuando vi la guayabera de azul celeste y los pantalones cafés, las dos cosas de lino. Hasta zapatos me había traído.

          —¡Gordo desagradecido!, no me jodás y vestite —me salió al paso—. Vos parecés un lavaperros con esos chiros que usás ¿Querés hacer negocios acá? Tenés que parecer que sos un empresario, no un puto vendedor de malecón.

          —Si me va a pegar no me regañe —respondí entre risas.

          —Mejor tirame una línea y nos vemos luego abajo porque no quiero ver tus curvas gordito.

          —Ahí está la maleta dije señalándole un canguro hágala uste mismo. Yo me baño, me cambio y nos vemos en el lobby.

          Me sentía un poco raro con esta ropa, pero había que reconocerle la huevón este que tenía razón. Ahora parecía sacado de una película. El contacto llegaba a las seis, así que me apuré. Salí de la habitación hacia el ascensor y presioné el botón para ir al primer piso. El lugar era amplio, el techo a unos 4 metros encima de mi cabeza, con los ventiladores de madera y las lámparas de cristal de baccarat, viendo la decoración de azulejos antiguos en la base de las columnas, el piso blanco impecable que contrastaban con el verde las plantas y palmas enanas. Así es el lobby de El Parque Central, el hotel en donde estaba bajado con Richie y su gente, vi que habían conmigo tres personas más y dos dependientes. Richie estaba solo sentado en un sofá de lona blanca. Me senté en una poltrona al lado de él. El man apenas me miró. A los pocos minutos vi llegar a Vanessa, la asistente de Richie, particularmente arrebatadora y muy suelta. El contraste de su tono oliváceo, su pelo rubio cortado en capas y su ropa la hacían vibrar. Una pañoleta de azul hacía las veces de top envolviéndole las tetas. El trapo se anudaba en la parte baja de su espalda, dejándole al descubierto ese color cobre de la misma. Vane había decidido acompañarlo con una falda larga de lino blanco. Me daban ganas de arrancarle la ropa a mordiscos. Yo me embobé con el sutil movimiento de sus turgencias hasta que se sentó enfrente.

          —Hola Vanessa, tiempo sin verle fue mi saludo al darle la mano.

          —Señor Serrano.

          —Ojalá no me pierdan el respeto por la obviedad que voy a decir, pero esto parece sacado de una película vieja, ¿no? —oí que Richie decía mientras su mano trataba de abarcar todo el lugar.

          —Yo te perdí el respeto hace rato… amigo —le respondió Vanessa levantando la ceja derecha, y el acento que le puso a la última palabra me recordó que definitivamente ahí, pa mí, no había nada.

          —No jodás Vane. le dijo Richie

          —Claro, claro que parece sacado de una película Richie. ¿Eso era lo que querías oír? ¿No ves que estamos en la Habana querido?

          —¡Puta! ¿Tas mestruando o qué? —le respondió Richie rascándose la nuca.

          —Menos mal no. —respondió Vanessa tirándose hacia el espaldar de su sillita de madera mientras yo me quedé concentrado en sus piernas.

Al rato llegó el maricón de Fernández, el otro asistente de Richie, con un cubano blanco alto y gordo.

          —Buenas tardes Saludó Fernández Ella es Vanessa y ellos son: Ricardo y el Señor Serrano.

          —Coronel Verasategui saludó el contacto.

          —El señor Serrano es la persona de la que le hablaron coronel Verasategui.

          —Gracias Fernández, pero ya tendremos el momento, ¿no? lo cortó con amabilidad el coronel Para qué vamos a aburrir a la señorita hablando de negocios. Mejor cuénteme, ¿qué hace esta belleza con estos señores?

          —Trabajo con Ricardo, coronel le dijo Vanessa.

          —Excelente selección de personal don Ricardo le dijo el coronel a Richie.

          —Gracias coronel —le respondió él haciendo su típica risa fingida. Metiendo el mono, ahí estaba pintado Richie.

          Yo levanté la mano llamando a uno de los mozos del hotel. Pedimos unos tragos. Vanessa coquetísima, lo que le daba más impulso al viejo barrigón del coronel que no dejaba de hablar con ella. Salvo un par de ocasiones Richie no musitó palabra, yo le notaba aburrido, que algo le rayaba. Estábamos oyendo al coronel tratando de impresionar a Vanessa cuando vi que Richie me miraba y se posó su dedo índice sobre su nariz.

          —Espérenme un momento dijo Richie al levantarse y pasar por mi lado.

          —Ricardo, espéreme le llamé acercándome para darle la bolsa.

          Cuando Richie volvió, nosotros seguíamos con una aburridísima historia del coronel. Se trataba de una parada militar con motos Harley Davidson. Lo que se tiene uno que mamar por estos negocios. Le miré pero él estaba concentrado en Fernández.

Ilustración de Ximena Gutierrez
Ilustración de Ximena Gutierrez

 

          —Señores, les pedimos disculpas por fin habló Fernández. Pero tenemos un evento corriendo en este momento y debemos hablar de unos asuntos. ¿Les parece bien si nos encontramos en treinta minutos acá mismo?

          —¿Y si les vamos a buscar nosotros? dije mirándolo.

          —Claro, perfecto. Nosotros estaremos allí mismo dijo Fernández señalando otra sala a unos metros más allá.

          —Mejor vamos a mi terraza dijo Richie.

          —¿Está bien así para uste Coronel? le pregunté.

          —Sí señor.

Los vimos partir. Vi al coronel concentrado en el culo de Vanessa.

          —Está buena la mona, ¿cierto coronel? murmuré— ¿Cómo le dicen aquí a las rubias?

          —Jabaíta. Y esta es preciosa, sí.

          —Coronel, no sé que le habrán dicho, pero creo mejor que le explique yo directamente las cosas. ¿Le parece si voy al grano?

          —Cuénteme entonces señor Serrano.

          —Yo tengo un contacto en Varadero que me ayudaría a mover la mercancía, digamos unos cinco kilos al mes para empezar, me dijeron que usted es la persona con la que debería hablar.

          —Le informaron bien señor Serrano dijo el coronel.

Seguimos hablando un rato de los procedimientos y logística, de los pagos a su gente y a él; no fue difícil ni caro, así que estaba contento con el trato. Era el comienzo de la operación en Cuba. No era mucho, pero era seguro y parecía que el coronel manejaba bien las cosas.

          —Una cosa más Serrano.

          —Dígame coronel.

          —Consígame a Vanessa.

          —¿Cómo dice coronel? le pregunté un poco asombrado

          —Lo que oyó Serrano, lo que oyó. Así cerramos el negocio.

          —Voy a llamarlos, coronel. Espéreme acá.

Asintió y yo me fui a la habitación de Richie.

          —¿Y entonces? fue el saludo de Richie We happy?

          —Marica, este puto huevón dice que le consiga a la mona o sino no hay nada.

          —¡No jodás! contestó Richie soltando la carcajada Pues ahí está, decile.

          —No huevón, ayúdeme con eso.

          —Pana, eso no es asunto mío. me respondió riéndose.

          —Puta Richie, haga el favor bien.

          —Te repito, no tengo velas en ese entierro. Es una vaina tuya, del coronelito y de Vane. Ofrecele un billetico, la loca es fresca y no creo que se timbre por eso.

          —¿A lo bien?

          —Pana, no sé, pero no creo que ponga lío.

          —El Coronel nos está esperando para ir a la cena les dije a todos hablando por encima del hombro de Richie ¿Vos estás listo, nos vamos ya?

Fernández se me acercó.

          —¿Qué tal el encuentro?

          —Bien —le dije—, pero tengo que arreglar primero una vaina con Vanessa.

          —¿Con Vane?

          —Sí, con ella.

 

Un relato de: Juan Carlos LEMUS POLANÍA  
Una ilustración de: Ximena GUTIÉRREZ
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8 thoughts on “The Crew (II)

    • El Galeón Fracaso octubre 29, 2014 / 08:41

      Muchísimoas gracias Julia. La nominación nos hace querer seguir en alta mar. Ya pasaremos por tu sitio.

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