Grieta

Anoche me acosté sin hablarle. Llevamos así algunos días. No sé qué nos pasa. ¿Su trabajo? ¿El que llevo sin tener desde que nos fuimos de allí? De ese territorio llamado casa. Ahora nos movemos con un caparazón a cuestas de un suelo a otro. Tortugas. Caracoles. Nos arrastramos lentamente y al mismo ritmo nos estamos dando cabezazos el uno al otro. El orgullo nos mata y debemos parar. Debemos hablar. Debemos intentar. Seguir. Por nosotros. Por él. El pequeño. Por ella. Por mí. Por alejarme del agujero.

Por: Benjamín Díaz Gyger

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