Un tarareo desafinado

Frente a mi ordenador intento pegar palabra a palabra. El niño en el suelo llora. Llora de sueño. Ha dormido una tres horas. Nosotros también. Cuando se me acaba el pegamento para la última letra, me doy por satisfecho con el párrafo. Giro mi cabeza en su dirección y pego un salto desde la silla hacia él. El mismo tipo de salto que hago para hacer el ruido del tigre o del león. El niño, de repente, sonríe. Pero sigue con la queja. Lo pongo de costado y acerco mi nariz y mi boca a su oreja. Me gusta olerlo. Me gusta sentirlo. Y él a su padre también. Al menos eso espero. Creo. Empiezo a tararear tan suavemente que desafino. Sin esperarlo se queda inmutado. Congelado. Anestesiado. Sus ojos permanecen abiertos. El sueño se lo lleva siempre así. ¿Tendrá miedo a la oscuridad? Pensando en la pregunta y algo preocupado, vuelvo a mi silla. Y frente a mi ordenador pulso la tecla hasta volver a la página en blanco.

Por: Benjamín DÍAZ GYGER

Anuncios

2 thoughts on “Un tarareo desafinado

¿Te gustó? Sí, no... igual déjanos tus comentarios.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s