Listo para la basura

Con los brazos cruzados, miro la pared rosa de la cocina. Mi teléfono móvil marca las tres de la mañana. Me ha entrado un mensaje de una persona que no recordaba. Al leer su nombre rememoro un pasado que guardo escondido en un baúl. Lo anhelo. Hoy, la actualidad es pragmática y carece de fragancia. Dudo que ahora se esté creando un perfume nostálgico para el después. No obstante espero equivocarme. Desde hace unos meses tengo una responsabilidad que tengo que asumir. Soy el padre. Soy su padre. Y él todavía no lo sabe. No lo siente. Él vive otras cosas. Elementos básicos de un « recién » nacido. Dormir, comer y llorar. Esta madrugada no ha parado de gimotear entre sueños. Y por eso estoy aquí bajo la luz agresiva y clínica de esta pieza convivial. Apreto un botón y el café cae en la taza. El aroma entra por mi nariz. Me alivia. Me tranquiliza. Contemplo la encimera. Me asombro de ver la loza sucia bien apilada. Casi nunca es así. Las hormigas se regocijan como de costumbre. La bolsa azul de basura está medio vacía. Los desperdicios van a parar a alguna parte. Las cosas tienen sentido. Significado. Y yo. Me siento residuo. Ya estoy listo para la basura.

Por: Benjamín DÍAZ GYGER

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