Una segunda oportunidad

Los más íntimos me llamaban Larry. Sin embargo allá abajo, en aquel edificio blanco me dicen Dr. Müller. Soy psiquiatra. Vivo en lo alto de un valle. En los alpes suizos. El paraíso que me envuelve es azul y verde. Los cencerros de las vacas es todo lo que oigo. El único ruido que tolero. Me gusta la música clásica. Adoro a Stravinski. Llegué aquí por la desaparición de mi hijo hace ya dos años. Me enviaron los Rectores. Aquí encontraría paz y libertad. Libertad de acto. Otra vida, decían. En la cabaña donde me alojo, siento el polen y respiro el aire inmaculado. Acaricio la hierba. Por las noches, bajo las estrellas, organizo un ritual en el porche de la cabaña. Enciendo una vela. Me sirvo una copa. Y con la ayuda de un valde de chapa esparzo mi cuerpo desnudo con leche de vaca. Cuando termino la copa, entro en la cabaña manchando todo el suelo y me siento en el sillón junto al teléfono. Marco su número y escucho su voz. Me paso horas. Sólo cuelgo si los gritos atormentados de la cliente irrumpen desde el otro lado de la pared. O si llaman a la puerta.

Por: Benjamín DÍAZ GYGER

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