Cul-de-sac

Mientras encendía el cigarrillo, Mario recordó el extraño caso, todavía abierto, del escarabajo. Aquella tarde de verano, Mario abrió la puerta trasera de la cocina buscando el aire fresco del patio. Se sentó en la mesa y encendió un cigarrillo.

—Apaga eso, Mario.¡El niño!—gritó su mujer con la criatura en brazos mientras cocinaba.

Con rabia, Mario tiró el cigarrillo al patio interrumpiendo la carrera de un escarabajo al que inconscientemente llamó Kafka. Avanzaba por el suelo a la velocidad permitida por sus seis patitas. Cada pared le obligaba a retroceder. Su frenesí mostraba un rumbo a la deriva. Mario se acordó de que en aquella época sintió lo mismo. En su conjunto, las baldosas del patio creaban un mar inmenso de un color barro rojizo. Sin embargo, cada ladrillo estaba compuesto de rectángulos contiguos que giraban alrededor de un cuadrado negro, creando un raro ventilador cubista. Un laberinto hacia abajo. Pensó en la mente embrollosa de Samsa. De pronto, apareció el gato de la familia. Su sombra envolvió al escarabajo y a su destino. Extrañamente el gato no se lamió el hocico. Y siguió su camino moviendo felizmente la cola. ¿Qué ha sido de Kafka? ¿Tragado por el silencio sutil del gato? ¿absorbido por el laberinto? ¿Triturado por el ventilador? Hoy, Mario fuma tranquilo y, desde la soledad de su cocina, sigue buscando a Kafka.

Por: Benjamín DIAZ GYGER

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2 thoughts on “Cul-de-sac

  1. Always junio 14, 2015 / 08:24

    Primera lectura en el galeón fracaso. Me gustaaaa…sigo leyendo

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